Significado de Hipócrita

¿Qué es ser hipócrita? El término hipócrita o hipocresía proviene del idioma griego y se vincula con el vocablo “hypokrites”. Así se les llamaba a los actores griegos de la antigüedad, que acostumbraban durante las representaciones a cubrir sus rostros con grandes máscaras y a hablar con la ayuda de aparatos mecánicos, que les permitían amplificar la fuerza de sus voces, pero al mismo tiempo se las distorsionaba. De esta manera, ocultaban sus verdaderos rostros y cambiaban sus verdaderas voces para representar una personalidad ajena a la suya.

Por eso es que con el tiempo se usó el sustantivo “hipocresía” para aludir a la actitud de fingir cualidades, opiniones, sentimientos o creencias que no son las que en verdad se tienen, y de actuar conforme a ellas. O sea que es, en definitiva, un modo de mentira. Que una persona asuma una actitud hipócrita puede obedecer a diferentes razones, a menudo responde al deseo o a la necesidad de ser aceptado en un entorno laboral o social con valores ajenos a los propios. Se puede entender a la hipocresía como el polo opuesto de la honestidad, la autenticidad. Sin duda es un término con gran carga crítica y negativa; pues estamos haciendo un juicio muy duro acerca de la persona calificada como hipócrita.

Desde las ciencias sociales, a la hipocresía se la entiende como la conducta o el discurso en la que se hace o se expresa lo que es incongruente que en el modo de pensar. Dicha incongruencia no es el resultado de una contradicción casual o de un error ingenuo, sino que es producto de la conveniencia táctica, que permite al sujeto acomodar las situaciones. En este sentido, la hipocresía es vista como la capacidad de disimular defectos o aparentar virtudes con el objetivo de ganar espacios en un mundo dentro del cual, si nos presentáramos como realmente somos, quedaríamos fuera de lugar.

Y puede decirse que esto no es una facultad innata a los individuos, sino que forma parte inconsciente del aprendizaje social, que permite conquistar espacios (desde sencillos e individuales hasta grandes espacios de poder colectivo) y obtener recompensas de diferente tipo. La cultura contemporánea, en la que conviven valores éticos y morales a menudo contradictorios, en numerosas ocasiones precipita al comportamiento hipócrita.

Escritos sobre la hipocresía

La pluma de grandes pensadores, escritores y poetas ha tenido la hipocresía como tema. Veamos algunos ejemplos de hipocresía:

La libertad es el derecho que tiene todo hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía.” (José Martí).

Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad.” (Bertolt Brecht).

El hombre solo es rico en hipocresía. En sus diez mil disfraces para engañar confía; y con la doble llave que guarda su mansión para la ajena hace ganzúa de ladrón.” (Antonio Machado).

Seres desiguales no pueden pensar de igual manera. Siempre habrá evidente contraste entre el servilismo y la dignidad, la torpeza y el genio, la hipocresía y la virtud.” (José Ingenieros).

Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble.” (Marguerite Yourcenar).

El ser hipócrita

El término “hipócrita” también se vincula con la religión y aparece en los Evangelios en alusión a los fariseos, grupo religioso que se oponía a las enseñanzas de Jesús. Se afirma que los fariseos solamente enfatizaban las cosas externas, la purificación externa, pero que Jesús enseñaba la pureza de corazón. Y se lee en Mateo 23:28 las palabras de Jesús: “… por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”.

Asimismo, también se relaciona con los fariseos la famosa expresión “rasgarse las vestiduras“, que en el presente se aplica para expresar una indignación fingida o exagerada, y en cierta manera hipócrita, frente a un hecho determinado, desaprobándolo públicamente. Se relata en los Evangelios que Caifás, sumo sacerdote de los fariseos, se rasgó  las vestiduras (antigua costumbre hebrea en señal de duelo) tras oír las palabras de Jesús, antes de condenarlo bajo la acusación de blasfemia, pues los fariseos creían ser ellos los únicos poseedores de la ley de Dios.

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